¿Qué es el Sacrificio?

Autora: Olga Tania Albelo
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El sacrificio, ¿qué es? Cuantas veces realizamos acciones en contra de nuestra voluntad y de nuestros deseos en pos del sacrificio… cuántas veces hemos sentido a nuestras madres/padres hablar de soportar determinadas situaciones para concretar algún propósito de bien común. Cuantas acciones, decisiones y dolores nos han causado elecciones sacrificiales. Si acudimos al diccionario para ver la etimología del término, la palabra “sacrificio” proviene del latín “sacrum” + “facere”; es decir, “hacer sagradas las cosas”, “honrarlas”, “entregarlas”. Por el uso y la costumbre (no siempre tan positiva), ahora la vinculamos con “dolor, pérdida”, sin ser éste su sentido, pero es el sentido que ha prevalecido en el tiempo.
El sacrificio es una categoría del ámbito religioso. En la biblia cristiana, por ejemplo, encontramos al mito fundante de esta ideología en el Sacrificio de Isaac, atadura de Isaac, ligadura de Isaac o sacrificio de Abraham, son las denominaciones de una escena del Antiguo Testamento (Génesis 22) en la cual Dios pone a prueba a Abraham pidiéndole que sacrifique en la hoguera a su único hijo, el cual había tenido ya de mayor. Entonces Abraham toma el cuchillo para inmolar a su hijo y Dios lo detiene, Dios le dice que su fe lo ha salvado. He aquí que el sacrificio no se lleva a cabo. El Dios de la misericordia pide asesinar, cuando él mismo lo ha prohibido. Es aquí que vemos un mito fundacional como una crítica a la idea de sacrificio. Una crítica a una acción contradictoria, “matar por amor”, “matar por obediencia”, “matar por un bien mayor, por un sacrificio”.
Esto nos hace reflexionar, cuantas veces nos “sacrificamos”, “matamos”, “morimos” en pos del supuesto amor por el otro, por la familia, por nosotros. En la teología sacrificial, Dios envía a su hijo a sacrificarse por nosotros, a morir por nosotros, y nuevamente la religión nos habla de la destinación de morir en la cruz. Del sacrificio relacionado al dolor en pos de un bien mayor. Si pudiéramos revertir esa mala interpretación y no verlo como una teología del sacrificio, sino del amor. Un acto de amor que sin pedir nada a cambio se ofrece. Entonces el término sacrificio como habíamos visto anteriormente tendría un verdadero sentido, el de entrega. Eso le da sentido a la vida, se vuelve a la idea de gratitud.
Pero trascendamos el ámbito religioso para trasladarnos al cultural. Entonces nos encontramos que la idea de sacrificio es perder algo para recuperarlo en otra instancia.
Esta es una práctica de orden mercantil, es la lógica de la deuda. Entonces acá nos encontramos con la idea arraigada por generaciones que todo aquello que no se logra por sacrificio, como sinónimo de completo, no es bueno, no es sano, no es honesto. “El que tiene dinero por herencia no lo valora, porque no se sacrificó” y nos sentimos menos miserables por las penurias propias, “el que posee bienes materiales sin sacrificio, por juegos de azar, herencias, trabajos livianos, etc.” seguro esconde algo, como haber hecho trampas, robar, se habrá acostado con el jefe, y un sinfín de supuestos que desmerecen y desacreditan lo que posee el otro. El no sacrificado. Y el sacrificio se relaciona también con culpa, no me genera disfrute obtener por ejemplo un trabajo de maestra, porque no es doloroso como lo es por ejemplo ser un investigador termonuclear que se dedicó solamente a la investigación, encerrado en un laboratorio. Entonces me genera culpa el sentirme feliz con ser maestra (aclaro, es solo un ejemplo, los maestro/as tiene una profesión hermosa) porque no es para mí creencia una profesión tan exigida como la del investigador, porque sigo asociando sacrificio con completitud. Una profesión que me va a hacer feliz y plena es aquella que me genere sacrificio para realizarla.
Ante esto nuestra mentalidad debe cambiar, ya sabemos que sacrificio no es dolor, no es pérdida, sino que es entrega, es honrar las cosas, y que para obtenerlas a veces hay que “esforzarse”, a algunos les llevará más esfuerzo que a otros obtener determinados bienes, tanto materiales como espirituales, pero esfuerzo es la energía que puedo poner para realizar algo, sin dolor ni sufrimiento.
También tenemos que tener en cuenta que muchas veces elegimos el sacrificio, y todo lo que el mismo implica, como el dolor y la culpa, por miedo al fracaso, miedo a no ser exitosos, y no comprendemos que el fracaso es un camino de superación, es una parte importante de nuestra posibilidad de crecimiento, de avanzar en nuestras vidas. Y aparece la idea de autosacrificio, esta idea nos justifica los miedos, los temores y pensamos que si nos sacrificamos, en el sentido de sufrir determinadas cosas para llegar a un determinado fin, para lograr una meta, esto nos va a traer una bendición, una recompensa… si nos sacrificamos tolerando el maltrato de un jefe abusivo, prepotente, este nos dará más horas extras y de recompensa tendremos nuestra casita pronto, por ejemplo.
Tenemos que darnos cuenta que sostener la ideología del sacrificio, solo avala prácticas injustas y legitima el sufrimiento innecesario. Un buen trabajo se puede conseguir con esfuerzo, un armonioso matrimonio con amor, un coche de lujo, una casa hermosa se van a dar con constancia y dedicación, pero jamás con dolor, nunca soportando humillaciones, vejaciones, dolor, culpa… no sigamos comprendiendo el sacrificio como una autoflagelación, sino como un hacer sagradas las cosas, hacer las cosas con veneración.
Olga Tania Albelo.
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